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Paisaje de atardecer naranja en Málaga

Otoño

El otoño es el rojo y es el amarillo. El rojo de los castaños y de los nogales, también el naranja en las calabazas y el amarillo fragante de los ásperos membrillos. En la ciudad de Málaga, el otoño no se distingue por los colores de las hojas pues para pasear por los bosques hay que alejarse unos kilómetros de la costa. En Málaga conocemos los cambios de estaciones por la luz y los atardeceres. Las tardes de otoño  nos regalan colores: amarillos, verdes, rosas que se intensifican hasta ser frambuesa, y el naranja donde el sol ha dejado su rastro cuando ha ido a ocultarse tras las montañas moradas.

El mar en el sur casi siempre se ve azul  y en este mes de noviembre anda quieto. En estos días cuando el sol ya declina es de un celeste luminoso, como si alguien lo hubiese pintado con un color soñado que atrapa la mirada, embelesando el alma. Si sopla el aire en respiración pausada parece como si las formas convexas de hileras de peces formasen esas ondulaciones que apenas rompen su quietud. Pero también hay días en los que azuzado por el fuerte viento, el mar se levanta en olas, y las olas golpean contra la arena como hacen los ciervos con sus cornamentas durante la berrea, en un estado de desasosiego. Y algunos días, ocurre también el suceso milagroso del azul  que destella bajo el aire nítido, tan nítido que la luz no encuentra obstáculos y los perfiles y líneas dibujan con todo detalle las formas. Málaga es más bella que nunca en otoño.

Me gusta preparar comidas que acompañan a la estación del año, y me gusta imaginar cómo quedarán en los platos y cuencos que María va sacando de sus manos. Ciertamente estos últimos años al verano le cuesta marcharse,  pero ya hay días en los que apetece un plato caliente para abrir boca. Así que he preparado una crema de calabaza, un manjar otoñal como la carne de membrillo y las castañas asadas. Aquí dejo

Crema de calabaza:

Aceite de oliva

1 cebolla

2 puerros

3 zanahorias grandes

½ Kg de calabaza

½ cucharadita de comino

Sal

En la olla, sobre un fondo de aceite sofrío despacio una cebolla y dos puerros picados. Cuando estén  dorados echo la calabaza y las zanahorias cortadas a trozos, el comino, la sal y el agua. Lo dejo hervir hasta que todo está tierno y entonces, retiro del calor, lo hago puré con la batidora y rectifico de sal. Cuando la sirvo en los cuencos la decoro con una espiral de nata levemente montada y unas pipas peladas o una ramita de romero. Un plato precioso en sus colores y riquísimo.

Crema de calabaza y cuenco cerámico

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