Pez jirafa sobrevolando ruinas

Ilustración de María Monasterio

Las andanzas de Jirafa

Un tiempo atrás había sobrevolado aquella remota playa, a la que venía a morir la suave pendiente  de una colina. Jirafa vuela alentada por una curiosidad inagotable ante el hecho magnífico y terrible del mundo. Uno de los socios de la Sociedad Lamarckista considera que ella es la prueba de la hermosa teoría, injustamente denostada, de que “la función hace al órgano”, siendo así la curiosidad de Jirafa la causa de su largo cuello.

Hoy ha vuelto para mirar despacio aquella colina ya solo poblada por piedras y mármoles hermosamente tallados. La naturaleza no deja espacios vacíos sino que cuando sus moradores se marchan llegan otros colonizadores que vuelven a obrar sobre la materia, creando nuevas formas: entre grandes columnas, alguna aún coronada por un capitel de hojas de acanto, ha crecido con parsimonia y tenacidad una encina. El silencio, la luz y el aroma del aire le llevan a sentir que un dios duerme entre sus ramas mientras espera que regresen sus fieles para libar la crátera. Entonces recuerda los versos de la poetisa,

“Ven aquí, a mí, desde Creta, a este sagrado

templo, donde te espera un delicioso recinto sagrado

de manzanos, y altares perfumados

con incienso.

Y en él el agua fresca resuena a través de las ramas

de los manzanos, todo el lugar está cubierto

con las sombras de los rosales, y el sueño se desliza

entre las hojas temblorosas.

Y en él un prado en el que pacen caballos está cubierto

de flores primaverales, y los vientos

soplan dulcemente …”

(Poema de Safo traducido por Elena Gallardo)

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