Ilustración globonejo
Ilustración de María Monasterio

Globonejo y la gravedad

Globonejo al abrir los ojos esta mañana, supo que la primavera había llegado. Lo supo no solo al mirar la luz sino porque sintió una ligereza nueva en el ánimo, como si al salir el sol se hubiese dado cuenta de lo densas y grises que habían sido las nubes. Desde el paradigma newtoniano, la materia en movimiento tiene esa cualidad de la gravedad,  que es la fuerza que empuja a los cuerpos hacia el centro de la tierra según la masa y la distancia. Es por eso, que seguimos en la tierra en lugar de ser arrojados al vacío interestelar. Según la teoría de la relatividad, la gravedad es una ilusión, el efecto de la geometría. Este hecho a Globonejo le resulta ininteligible. ¿Cómo puede ser que distintas teorías expliquen bien lo mismo? Y ¿cómo puede ser la gravedad una ilusión? ¿Acaso cuando trata de salir del agua para ir por la arena, su cuerpo no se hunde en ella?

Globonejo querría que sus orejas apuntasen al sol, porque le parecen mustias como una planta sin agua, y que le dan un aire triste, lo cual no se corresponde en absoluto con la realidad de su carácter. Pero no puede corregir esa estructura anatómica ni vencer la gravedad. La única manera de contrarrestar ese aire tristón de orejas lacias es con el brillo alegre de sus ojos azabache. Quien se fije en ellos advertirá pronto que allí baila la risa.

Pero todos solemos juzgar según las primeras impresiones, por lo que siempre le ha sido difícil ser aceptado en los juegos y juergas ya que tiene que derribar las resistencias de quienes lo prejuzgan por algo que no depende de su temperamento mientras que su mirada aguda, llena de ironía y humor, pasa inadvertida. Aunque al hacer todas estas consideraciones, se da cuenta de que sus orejas le han ayudado en los cortejos: a las féminas les atrae su aire tristón, y en cambio, les cohíbe la ironía de sus ojos. Así que cuando se lanza a la conquista, procura disimular el brillo agudo de su mirada haciéndola más líquida, como si escondiera en los ojos alguna lágrima aún no llorada de un dolor pasado. ¡Y soy testigo de que le da resultado!

Kika

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